Conferencia sobre Tristán e Isolda en el T. Real

Como es habitual en el programa de actividades del Teatro Real, antes de cada nuevo estreno de la temporada se ofrece a los interesados una conferencia sobre ésta. Para la llegada al Teatro de “Tristán e Isolda”, se organizó una el día 15 de enero de 2008, a la que tuve ocasión de acudir y de la que me permito relatar algunas partes a continuación:

En primer lugar, el conferenciante programado era D. Miguel Ángel González Barrios, pero por problemas familiares imprevistos no pudo acudir. En su lugar estuvo D. Juan Lucas, que primeramente nos contó los avatares y las prisas con las que hubo de organizarse todo, adelantándonos también que su conferencia sería pues algo improvisado y más desenfadado que otras veces en las que sí ha dedicado el tiempo necesario para su preparación.

He de decir que lo que empezó con una advertencia de que posiblemente no saldrían las cosas como esperaban, se tornó rápidamente en interés y disfrute de todos los presentes ante la exposición sobre “Tristán e Isolda”.

Comenzó D. Juan Lucas hablándonos sobre el “Acorde de Tristán”, acorde sobre el que Wagner basa el desarrollo de la obra. Este acorde nunca antes se había utilizado de la forma en que lo hace el compositor: es un acorde de transición (acorde de sexta aumentada) que suele ser usado para “dar paso” a otra melodía. En cambio aquí se usa para mantener esa tensión a lo largo de la obra…una transición da lugar a otra transición, y a otra, y a otra…la pasión y ansiedad de los amantes queda reflejada en la música. Y es así, a partir de esta “chispa” como surge el total de la obra. Además de este acorde, existe en su música una “rivalidad entre la disonancia y la consonancia”, toda la obra se va a elaborar entre la lucha atonal y tonal, manteniendo un perpetuo estado de fuga de las disonancias dentro de la tonalidad.

“Los Maestros Cantores” es posterior a “Tristán e Isolda”, y en cambio esta ópera se basa en la tonalidad. Como contraste, se nos hace comparación entre los cromatismos de “Tristán e Isolda” y la armonía de los Maestros. Los amantes tienen oleadas de amor/odio, erotismo, pasión…son “disonantes” en su entorno pero a la vez perfecta armonía cuando están juntos. Y Wagner lo comunica a través de la música.

En la época en la que Richard acomete la composición de esta obra ya ha compuesto todas sus óperas (a partir de Tristán serían dramas): “Rienzi” fue acogida con éxito (donde se puede apreciar la influencia de Meyermeer) , luego “Tanhaüser”, “El Holandés errante” y “Lohengrin”. Ha de huir de Dresde con una crisis personal y artística: existe una separación afectiva de su matrimonio, sale de su patria por las revueltas revolucionarias, deja de componer…Durante un tiempo se dedica tan sólo a pensar y escribir. Casi 20 años separan su última composición: “Lohengrin”, con la siguiente que estrenara: “Tristán e Isolda” en 1865.

¿Por qué surge en él, después de tanto tiempo, una necesidad tan grande por componer una obra específicamente relacionada con el amor?

«Puesto que nunca en mi vida he gozado de la verdadera dicha del amor, quiero construir un monumento a ese sueño, el más bello de todos, un monumento donde el amor se sacie desde el comienzo hasta el final: tengo en la cabeza un Tristán e Isolda en proyecto…».
R.W. Carta a Litz

La “chispa” que enciende el fuego es la atracción que siente por Matilde Wessendonk. También la lectura de “El mundo como volutad y representación” de Schopenhauer.

Escribe primeramente el libreto y tras leerlo se genera la ruptura de Mina y Wagner, también la relación entre Matilde y él, y viaja a Venecia para continuar con la parte musical. El agua está siempre presente en la obra, y qué mejor sitio que Venecia para, con el murmullo de los canales y en la soledad del Palacio Giustinian, inspirarse y recrearse en ese “morir por amor” . Allí compone el segundo acto y parte del tercero: “La muerte de amor” de Isolda y esbozos de la muerte de Tristán. Acaba de dar forma al tercer acto en Lucerna (Suíza), lugar de nuevo presidido por el agua.

Richard Wagner es consciente de que está creando algo diferente, algo que él mismo ya no quiere que sea llamado ópera. Esto es más…es un “drama musical”. Se convierte en su primer drama acabado (estaba mientras tanto componiendo su gran Tetralogía) y la ventana a la ópera moderna. Cambia el curso de la música para dar paso a la modernidad.

Aun así, Wagner describía “Tristán e Isolda” como la más sencilla de sus obras: es sólo la pasión lo que se narra en ella, no hay acción apenas. Amor y Muerte, día (vida social) y noche (pasión profunda). Su intención era desarrollar con una mínima pincelada de pensamiento una sencilla historia, con una sencilla música….y nació este magnífico homenaje de la pasión y del amor eterno.

FA SI RE# SOL#

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